La construcción de la ciudadanía depende en
mucho de la reconstrucción ética de su discurso; el dar sentido a las palabras acalladas, el otorgar voz a los
silenciados implica que un proyecto social democrático configura escenarios de comunicación y de enseñanza.
Entender que una pedagogía de la memoria requiere analizar críticamente la “memoria de la memoria”, es entre
otras cosas, abordar la producción narrativa y gramatical de esas memorias, lo que puede hacerse desde prácticas
conservadoras y convencionales.
Una pedagogía
de la memoria es indispensable para trascender de esos olvidos patológicos a unos olvidos que transiten
socialmente por la memoria, la historia y la política.
La gama de aspectos a considerar
sobre cómo se dieron estas prácticas y los distintos puntos de dispersión y fugas que encontraron las
subjetividades sometidas a ellas, encuentran formas de expresión en las narrativas testimoniales que empezaron a circular nutriendo las memorias sociales sobre los recuerdos y olvidos de quienes estuvieron inmersos en los
diversos acontecimientos de violencia política que han marcado la historia reciente del continente.
Víctimas,
amigos, familiares e hijos de desaparecidos comenzaron a narrar sus experiencias, en un primer momento de
manera fragmentada e inconexa y, en momentos posteriores, con formas más elaboradas y lenguajes cada vez
más plurales, dando a conocer los dispositivos de represión puestos en marcha y las modalidades como los
sujetos se enfrentaron a ellos y constituyeron sus subjetividades bajo su sombra, dejando entrever las múltiples
temporalidades de la experiencia y los deslizamientos entre pasado, presente y futuro en la búsqueda de sentidos
posibles de existencia.
los textos
testimoniales sufren transformaciones de acuerdo a los contextos políticos y culturales en los cuales fueron
elaborados y transmitidos.
Los testimonios son intentos de lidiar con la
pérdida, no sólo de vidas sino de una forma de vida y entusiasmo. Si bien se elaboran desde la subjetividad,
configuran la memoria colectiva ya que el testimonialista documenta una época, una cultura, una forma de
resistencia, un imaginario.

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