Los tiempos polifónicos de la experiencia humana y el oficio del historiador.
Diversos sucesos
ocurridos en el siglo XX han obligado a distintos sectores de la sociedad, a la academia y diferentes campos del
saber, en especial a la historia, a re-actualizar el interés por los aspectos referentes a la memoria y tratar de dar
cuenta de los marcos sociales en los que está inscrita individual y colectivamente.
También debemos
señalar que demás de reflexiones académicas y disciplinares, las luchas de los movimientos sociales :
- Reivindican derechos colectivos.
- Pugna por el rescate de memorias comunes que los legitimen.
- Cuestionan las historias oficiales.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, permitieron revaluar las
representaciones en torno a las certidumbres proporcionadas por los saberes científicos, lo cual llevó a sospechar,
entre otras, de la historia como disciplina, imponiéndose el exámen de su genealogía y de los compromisos
sociales y políticos presentes en su configuración.
Este conjunto de problemáticas propiciaron un amplio debate en torno a las relaciones historia / memoria
en el cual se tomó partido por una u otra categoría y se llegó a señalar la preeminencia de una de ellas sobre la
otra, en especial cuando se trataba de asuntos referentes a eventos traumáticos.
concepción del tiempo.
Para Agustín: "el presente del pasado es
la memoria; el presente del presente es la visión; el presente del futuro es la expectativa".
para Rioux "el
estudio de la memoria obliga al historiador a aceptar que estudia el tiempo más que el pasado, y que su
construcción se inscribe en una orquestación de tiempos polifónicos"
El debate entre historia y memoria no ha sido propiamente
conciliador; no obstante, es preciso señalar que la eclosión de la memoria y la serie de discursos y prácticas que le
han acompañado en las últimas décadas ha llevado a remover muchas de las certidumbres en el campo del
quehacer historiográfico.
El debate entre historia y memoria no ha sido propiamente
conciliador; no obstante, es preciso señalar que la eclosión de la memoria y la serie de discursos y prácticas que le
han acompañado en las últimas décadas ha llevado a remover muchas de las certidumbres en el campo del
quehacer historiográfico, algunas de ellas relacionadas con las maneras de concebir las temporalidades de la
experiencia humana.
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